UNO DE CADA CUATRO. Ana Isabel Espinosa

UNO DE CADA CUATRO


Ana Isabel Espinosa

Mientras la gente ocupa casas que no son suyas, hay otros muchos que viven solos. No es correlativo, sino anecdótico. Supongo que es el cambio de marchas de la Historia con bombardeos de los 60 en casi el 2020.

Pensábamos -los que seguíamos episodios de ciencia ficción en los setenta- que iríamos en coches que volarían y solo ascienden a las alturas los drones espías y como mucho para inmortalizar bodas de famosos que llenar los bolsillos de editores avispados. Creíamos que el espacio sería nuestro-viviendo en colonias espaciales- y solo hacemos casas más grandes y edificios más hacinados, con China despierta por completo  y cabalgando el consumismo como si le fuera la Economía en ello.

Uno de cada cuatro ciudadanos vive en soledad y hay más gente que quiere vivir- no en celibato sino en independencia- sin olfatearle las intenciones a un colateral que le descoloque la vida.

No sé si serán las entretelas de nuestra existencia, pero nos cocemos en nuestro propio jugo porque nos hacemos cotidianeidad y nos quedamos impresos en la misma resina que escupió a los dinosaurios.  Los niños que se han asfixiado por las bombas en Siria no llegarán a viejos, ni nos llegarán en pateras, ni vivirán para ver a los dictadores morir de inanición política o sesgados los sesos por una bala certera de su propio revolver.

No viviremos nosotros doscientos años para ver poblarse la Luna, ni para mirar al cielo y soñar con que hay un más allá que está tras lo desconocido y quieto.

 La gente ha echado una desvergüenza que asusta, sobre todo porque los que nos siguen aprenden de lo malo con voracidad de depredador con los dientes nuevos , igual que los sanitarios de hoy serán los que nos cuiden el mañana, a los maduros del ahora. Creerán que no hay correlación, pero -aquí -sí la hay. Hacemos el mañana a cada paso, a cada niño reventado por el hambre que no nos toca, como la sanidad que se nos destripa o los sueldos en precario.

Fabricamos nuestro propio mañana, siendo cómo somos, tomando decisiones pueriles sobre dónde compramos o a quién votamos, creyendo- pobres de nosotros- que todo seguirá igual y que nunca nos tocará el viento de las crisis que vemos cada noche en el plasma, llegando de tan lejos que casi no nos suena ni el nombre.

Tenemos la moral agudizada, la vista encharcada y los pulmones al viento de levante que nos arrasa las vacaciones y nos hace maldecir por ser tan desgraciados que tenemos este año cuatro comuniones y una boda. La gente  da pasos de ciego al lado tuya, mientras los cruzas, paso lento o paso rápido, muriendo a cada rato haciéndote historia impresa en papel de periódico que luego reciclarán porque nos hemos civilizado y ya no contaminamos, más que con la permisibilidad de sentirnos diferentes porque nos protegen las concertinas de la barbarie y no nos matan a los críos con bombas asesinas.

 
   

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