Editorial

Editorial Agosto 2016 Jesús Pérez Marqués

 

Jesús Pérez Marqués

Presidente cepaec, Director revista Primacía

Editorial Agosto 2016

 

UN LENGUAJE SIMPLE PARA UN MUNDO COMPLICADO

Divagar la verdad que ya sabemos, es una controversia promovida  por mil formas distintas de expresión, por el mero hecho de que todo tiene cabida, desvirtuar las formas para que la propia forma no tenga razón ni sentido de ser, meros espacios que se  divulgan con demasiada normalidad donde todo vale y nada tiene sentido y donde los propios sentidos se han contagiado del entorno creando una inestabilidad emocional que nos aleja de nosotros mismos.

Pensar que las cosas van en la dirección correcta es un error, cuando vemos algo reflexivo,  hermoso, o la mera felicidad, lo dejamos a un lado, algo como singular, normal y no de moda.

El propio entorno viciado por la hipocresía y la falsedad, la desgracia continua  y la agresión de las noticias diarias en forma y contenidos, nos aleja de todo signo de paz que cohabite en nuestro espacio y provoca alejarnos para no ser perjudicados por el mismo, la mayoría amamos el bien por propia naturaleza, pero el entorno nos agrede de tal forma que aunque veamos la verdad, la razón y el sentido común en nosotros mismos, preferimos no enfrentarnos a la realidad y a la agresión continua para no ser más perjudicados todavía. 

Para todo hay sentido, palabras o formas de entender lo que ya sabemos por propios instintos que provocan  que el propio subconsciente mantenga las dudas entre el bien y el mal, entre lo que hacen los demás, vemos en los demás y lo que nosotros debemos hacer.

Un lenguaje simple para un mundo complicado donde la trasformación nos arrastra a direcciones desconocidas y la propia tormenta nos hace divagar de la realidad del futuro.

De donde nace la expresión de un beso sin beso, de un bien sin bien, de un sentimiento sin sentimiento, de una sonrisa sin felicidad ni alegría, lo vemos con tanta frecuencia que  se está convirtiendo en tan habitual  que los propios medios se convierten en medio conscientes o inconscientes de la propia dirección.

Y la propia dirección correcta es arrastrada por las continuas turbulencias, que agreden, alejan, o son borradas hasta en los propios sentidos.

No quiero seguir  en esta dirección,  el propio choque de razón y realidad podría entrar en estado depresivo como respuesta al propio equilibrio, si bien los estados reales que nos alejan apenas les prestamos atención, o si se la prestamos lo mantenemos al otro lado de la realidad donde la realidad nos va quitando la propia naturaleza del ser humano. 

Jesús Pérez Marqués