“PATENTE DE CORSO” – SALA BARTS DE BARCELONA – SÁBADO 13 DE DICIEMBRE 22.00h

“PATENTE DE CORSO” – SALA BARTS  DE BARCELONA – SÁBADO 13 DE DICIEMBRE 22.00h

Las reflexiones más ácidas  Arturo Pérez Reverte llegan a la Sala Barts de Barcelona

 Alfonso Sánchez y Alberto López de “8 apellidos vascos” y “El Mundo es nuestro” protagonizan “Patente de corso”

 “Patente de Corso” -Una obra inspirada en las columnas de opinión que durante 20 años Arturo Pérez Reverte ha firmado en la prensa española. Alfonso Sánchez y Alberto López, de  “8 apellidos vascos”, protagonizan esta obra y, junto a Ana Graciani, han sido los encargados de adaptar y dar formato teatral a los textos periodísticos de Pérez Reverte. Alfonso Sánchez es también el encargado de dirigir este espectáculo que mezcla teatro clásico, monólogos y números musicales llevados a cabo por el artista sonoro Benito Jiménez.

 Luciano posee una patente de corso auténtica, con casi dos siglos de antigüedad y firmada por el mismísimo   Fernando VII, que quiere vender. Asegura que con ella se puede estafar, robar, malversar, saquear y desfalcar, con todos los papeles en regla y la firma del rey. Mariano, un ciudadano harto de estar harto al que la vida lo ha tratado de forma despiadada, la quiere comprar.

 

Quiere convertirse en un hijo de la gran puta. Luciano le asegura a Mariano que ser un cabrón no es tan fácil como parece y se ofrece a enseñarle aunque sus enseñanzas no serán lo que el futuro cabrón esperaba.Arturo Pérez Reverte: Es uno de los autores en lengua castellana más destacados de la actualidad con best sellers como la saga de “Alatriste” o “La Reina del sur”. Desde 1991, seis millones de lectores de numerosos    periódicos de España, Argentina y México leen cada fin de semana los artículos “Patente de corso” de Arturo  Pérez-Reverte.

Alfonso Sánchez (actor, director y tezto): Su 'Trilogía sevillana' compuesta por tres cortometrajes se ha    convertido en un fenómeno dentro de las redes sociales, con más de 10 millones de visitas en Youtube y varios premios. En 2012 se estrenó en la gran pantalla como director con el largometraje 'El mundo es nuestro', y tiene pendiente de estrenar “El mundo es suyo”. Como actor se le ha podido ver en  'Grupo 7' y 'Ocho apellidos vascos', y estará en “Alatriste”.

Alberto López (actor y texto): El la gran pantalla ha participado en “El mundo es nuestro”, ‘Ocho apellidos vascos’, ‘Zipi y Zape y el club de la canica’, ‘Grupo 7’, ‘A puerta fría’. En televisión ha intervenido en teleseries y programas de humor de notable audiencia a nivel nacional como ‘El Príncipe’, ‘Luna, el misterio de Calenda’, ‘Padre Medina’ o ‘La hora de José Mota’. Con una amplia trayectoria en el teatro con ‘Malgama’ y ‘Renglones imaginarios’.

“Patente de corso” estrenó el pasado 9 de octubre en el Teatro Lope de Vega de Sevilla agotando todas las   entradas durante los 4 días de funciones. Llegará al Teatro Nuevo Apolo de Madrid dentro de una extensa gira por toda España que les llevará también a 19/12 Zaragoza (Sala Mozart); 27/12 Sevilla (Auditorio Fibes); 29/12 Madrid (Teatro Nuevo Apolo); 16/01 La Línea de la Concepción (Palacio de Congresos); 27/01 Murcia (Teatro Romea) y 28/01 Alicante (Teatro Principal).

La patente de corso (del latín cursus, «carrera») era un documento entregado por los monarcas de las naciones o los alcaldes de las ciudades, por el cual el propietario de un navío tenía permiso de la autoridad para atacar barcos y poblaciones de naciones enemigas. Era una cédula con la que el Gobierno de un Estado autorizaba a un sujeto para hacer el corso contra los enemigos de la nación.

Junto con la actividad de los piratas que robaban por su propia cuenta por su afán de lucro, estaban los corsarios, que eran marinos particulares contratados, con patente de corso para atacar naves de un país enemigo.

El disponer de una patente de corso ofrecía ciertas garantías de ser tratado como soldado de otro ejército y no como un simple ladrón y asesino; pero al mismo tiempo, acarreaba ciertas obligaciones. Hoy día, por extensión, el diccionario de la RAE, también brinda esta acepción: Patente de corso: Autorización que se tiene o se supone para realizar actos prohibidos a los demás. Con la intención de sondear, de escarbar, de jugar con los cánones y con los géneros, se propone este experimento teatral singular, que consiste en la adaptación para la escena de artículos periodísticos de opinión.

Afirma Pérez-Reverte que en sus artículos —publicados semanalmente, sin interrupción, desde el año 1991 hasta hoy— escribe con tanta libertad que no deja de sorprenderle que se lo permitan. Nosotros, mediante un trabajo de creación colectiva a partir de los textos del escritor, también nos concedemos la patente de corso, nos proclamamos corsarios, para plantear un espectáculo libre de ataduras o convenciones políticas, sociales e incluso dramáticas. Nos alejamos de los preceptos, de las reglas, de las estructuras, para dejar que simplemente brote el grito que cualquier ciudadano, con un mínimo de lucidez, lleva atravesado en la garganta. De esta forma, no se pretende dar respuestas, se intentará abrir interrogantes, revolver, remover, conmover; jamás resolver. Y todo, montados en el vehículo supersónico de la comedia, aprovechando la distancia que da el humor, lo que tiene de analgésico, para poder así hurgar a gusto en las heridas.

La función –así como su puesta en escena- es anárquica, a veces estridente, otras gamberra, a ratos poética, emotiva y casi siempre cómica, se deja llevar allá a donde le lleve, Luciano posee una patente de corso auténtica, con casi dos siglos de antigüedad y firmada por el mismísimo Fernando VII, que quiere vender. Asegura que con ella se puede estafar, robar, malversar, saquear y desfalcar, con todos los papeles en regla y la firma del rey.

Mariano, un ciudadano harto de estar harto al que la vida lo ha tratado de forma despiadada, la quiere comprar. Quiere convertirse en un hijo de la gran puta. Luciano le asegura a Mariano que ser un cabrón no es tan fácil como parece y se ofrece a enseñarle.

Se ven todos los días en la terraza de un bar. El joven aguarda las enseñanzas del maestro, pero éstas nunca llegan; por lo menos, tal y como las espera Mariano.

Charlan y charlan de cualquier cosa mientras ven la vida pasar. Y parece que no pasa nada, lo que desespera más y más a Mariano, que llega a plantearse todo tipo de barbaridades. Se entabla una relación entre ambos que sirve para mostrar un mosaico de espejos, en cuyos pedacitos podemos ver el reflejo de partes de nosotros mismos y de nuestra sociedad, que parece haber entrado en permanente bucle, que se antoja eternamente cíclica. Y que, en algunos aspectos, lejos de evolucionar, involuciona. Siempre hubo y habrá malos, pero, como escribe Pérez-Reverte «no es lo mismo ser un delincuente que se busca la vida al límite de ciertas reglas, malandrines que mantienen ciertos códigos, que un cabrón desbocado al que todo le da igual.

Y lo que abunda, cada vez más, es gentuza a la que se le fue la olla, capaz de hacer daño sin el menor escrúpulo». Aceptando el lado oscuro de los seres humanos como parte intrínseca de su naturaleza, nuestros personajes —uno desde la sabiduría y la retranca, otro desde la desesperación; ambos desde la soledad—, a través de sus charlas eclécticas, se pasean por las sombras y las luces de nuestras realidades.

Redaccion:Primacia.

 
   
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