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DESPROGRAMAR LAS CUATROS SENTENCIAS CLAVES por Eves Reves

Por: Eves Reves

DESPROGRAMAR LAS CUATROS SENTENCIAS CLAVES

Asistimos a la manifestación de fuerzas contrapuestas en todo el ámbito donde se mueve la vida del Hombre. Así, mientras una parte de la ciencia investiga en profundidad sobre el sentido de la Vida y cuestiones antes dejadas en manos de la espiritualidad y la fe, otras ramas de la ciencia, desde una praxis obsesiva y una sabiduría insana y desviada, en contraposición, juega a ser dios, buscando crear vida idéntica a la humana.

Es incuestionable cómo en estos tiempos, la tecnología e investigación, permite diseñar, desarrollar y fabricar los más perfectos mecanismos a utilizar en favor de la Humanidad. Así vemos cómo en una de las áreas de trabajo más avanzadas: la robótica, quiere llegar más lejos aún de este autómata, buscando crear vida humana, lo que pone de manifiesto un alto grado de insensatez y locura. Pongo de relieve para reflexionar dos aspectos del proyecto: uno, que puede englobar distintas variantes, como lo que es la mente, la conciencia y lo espiritual, por no mencionar concepto cómo el “yo superior” y/o el “observador”; y el segundo aspecto a tener en cuenta son los programas y el programador.

Este proyecto aborda dotar al mecanismo engendrado de los mismos sentidos físicos de que dispone el Hombre. Algunos de estos sentidos ya se han incorporado, como son la vista y el oído. Ahora se investiga dotarlo de algún tipo de piel que perciba sensaciones que el cerebro interprete, codifique y decodifique. Del mismo modo se continuaría con la percepción de olores. No sabemos qué opción tomarán con el degustar, si optarán de hacerle dependiente de la energía alimentaria humana o seguiría, como el engendro mecánico que es, dependiente de energía eléctrica u otra alternativa. Escribo esto y me parece estar describiendo las utopías de un inventor desquiciado, más si lo traigo a colación, es porque ví, hace unos días, un documental que daba a conocer el proyecto que persigue esa rama de la ciencia.

Si saco a colación este proyecto de la ciencia es para enfatizar el tema de hoy: los programas. Y es que, aunque demos por sentado que se puede dotar de casi todos los sentidos humanos a este engendro, lo que equivaldría a construir materialmente un animal (mecanismo) casi humano, hay cosas que en su desvarío no tienen en cuenta estos científicos. Es de suponer que parten de creer que podrán encontrar en el cerebro o en el físico del Hombre algún estadio y órgano en que pueda estar ubicado eso que llamamos mente. Pero una cosa es la mente y su función y otra bien distinta el cerebro. La mente es dónde, y desde donde, el hombre diseña y construye la vida por vivir y el cerebro es el almacén de la información, de la memoria y de los programas; es el infinito territorio donde las neuronas se conectan entre sí para conformar la emisión y recepción de información y las órdenes que han ser ejecutadas en y por el cuerpo, y donde se relacionan las percepciones de este y con los sentidos. Resumiendo el cerebro es el ordenador y la mente el programador que programa la vida que viviremos.

Qué prueba hay más evidente que esto para demostrar la necesidad de un “programador”, que desde un “orden superior” programe estos en la mente. Y aquí podemos elucubrar sobre esa Conciencia Superior, sobre una Mente Superior y una mente inferior humana que labora escindida de la principal, por causas que sopesamos después, en un funcionamiento que debiera estar en sincronía con la Mente mayor. No es obvia y evidente la ceguera de estos científicos, que juegan a imitar al Dios o Conciencia Suprema intentando suplantarlo. No se dan cuenta que ellos están siendo los programadores de esas pretendidas vidas. Sin ellos, esos autómatas, ya sean los robots producidos, como esos otros que pretenden crear son la cosecha de ellos mismos, en su esparcimiento de ser dioses creadores. Sin los programas que se inserten en los ordenadores de estos dispositivos no harán nada. Toda vida autónoma está regida por programas. En los animales son más de tipo biológico e instintivo, y en el Hombre alcanzar un alto nivel de desarrollo y superioridad. Dominar y controlar esos programas, o ser dueños de ese “sí mismo”, ya es otra cuestión. No es lo mismo que esa mente escindida y personal de Hombre pueda estar perdida y confundida o que esté en sincronía con un estadio mental superior o conciencia. Este paralelismo con la ciencia de la robótica y de la informática debiera ayudarnos a comprender la importancia de los programas y de la conciencia en desprogramar los errores y programas infectados cuan los virus que se introducen en el ordenador.

Nuestras vidas se rigen en un noventa y tantos por ciento de programas subconscientes sobre los que no tenemos control: una parte de estos son personales y propios, distinto a los puedan tener otros, pues surgen debido a causas relacionadas con su vida y sus experiencias, no obstante, otros muchos son relacionados con el medio socio cultural y religioso presente en el colectivo que se trate. Y hay un tercer bloque que tiene unas connotaciones de ámbito superior, que son los que sostienen y consolidan los paradigmas y principios que rigen en el Mundo y el Sistema. Estos últimos (programas) incrustados y asentados a sangre y fuego desde el origen de los tiempos, en la conciencia colectiva de la Humanidad son los responsables de que el mundo sea el caótico escenario que es, y su aceptación, sin menor atisbo de cuestionar, son el veneno que impide sanar a la Humanidad.

Denunciar y decir tales cosas puede, en justicia, parecer licencioso y pretencioso, y devenir de un pretendido intelectualismo egocéntrico de superioridad; nada de esto es así. Si me atrevo a cuestionar lo incuestionables es sólo fruto de un resentir interno con las verdades profundas que manifiestan sabios de gran enjundia y que el libro del Curso de Milagros proclama Verdad. Solo opero como albacea o custodio mensajero. Los programas que pronostico debiéramos desprogramar son el juicio, el pecado, la culpa y el sacrificio. Algunos de ellos, podrían catalogarse hoy como fuera de lugar, por parecer, en el presente, habernos desprendido y roto de ciertas tradiciones y creencias, más es no es así, ya que estos programas están tan a fondo insertados en lo que Carl Gustav Young llamó la Conciencia Colectiva de la especie que siguen vigentes en su totalidad.

Si partimos de la hipótesis de que la creación (del Hijo) fue obra de un Creador habremos de dar por cierto que lo creó con sus correspondientes programas de Vida. Del mismo modo, esa fuerza creadora, que podríamos llamar Conciencia Superior, Suprema o como nos apetezca llamarla, tiene la connotación máxima de Coherencia, en y con todo lo que crea, así como los atributos de Poder, Voluntad y Energía de cualidad y vibración superior como es el Amor, aparte de otras magnas propiedades. La forma común de llamar a esta Energía Consciente es con el nombre: Dios. Lo lamentable es que este concepto lo hemos prostituido, degenerado y devaluado tanto, desde nuestra arrogancia y pretendido saber, que el concepto Dios, en muchos, genera idolatría a ese dios personal propio, ajeno a otros dioses fraguados por otros; y en otros humanos, por oposición a esos ídolos de barro que se idolatran y veneran, estos fanatismos les promueve rechazo y negación a todo lo que tenga que ver el concepto Dios y lo trascendente, (ateísmo y otros derivados). Así que cada cual lo nomine como quiera.

El mito de la Creación que, trascendido por generaciones a lo largo del tiempo, es acogido por la mayoría es la Biblia, que cuenta la historia de una transgresión en el paradisíaco estado en que vivía la más elevada creación de ese Creador: el Hijo. Esta historia que el más elemental sentido común puede tildar de infantil y simplista, contiene no obstante, elementos dignos de estar revelando profundas verdades que pueden dar las pistas y las claves para desentrañar las incógnitas de lo que pudo acontecer.

Si el Creador creo un ser, Hijo por tanto, que en “esencia” es Uno común entre sí, pero en su “forma” pueden ser dos, más o infinitos, lo crea con todos los atributos que le son propios, y lo hace a su imagen y semejanza, en esencia. Y lo hace también dotado de “Voluntad” y “Libertad” plena. Esa creación tiene igualmente el “poder hacedor” del Padre. Por tanto la simbología de comer de árbol de la ciencia del bien y del mal explica cómo este Hijo, desde su propio poder creativo tiene el potencial de crear, y de crear vida también, rebasando o no ciertos límites, que romperían la dinámica o estado superior que él disfrutaba. Y lo pone en juego porque dispone de la Libertad y la Voluntad de hacerlo. El Creador, el Padre, podría igualmente haber creado vida en que los valores prioritarios fueran el dolor y el sufrimiento, no obstante, fiel a su naturaleza esencial, no sigue esa reglas, y la mejor muestra de que esto no es así, es ver cómo tras nuestra mundana naturaleza anhelamos el Amor, la Paz y el bien. El Hijo en su probatura creativa no tuvo en cuenta esas leyes o principios y, desde su libertad e intención creo vida que no se rige por esos parámetros, y el fruto que obtiene es ese nuevo hombre, el que parirá sus hijos con dolor y morirá. El hecho destacado por tanto no es la condena iracunda y vengativa del Padre, impropia de Él. Un Padre cuya naturaleza manifestada es Amor, sino la reactiva proyección del Hijo ante lo acaecido y creado por él: un Hombre nuevo de menor entidad.

Si tenemos en cuenta que el tiempo no existe, como afirma la ciencia, esos Hijos de Dios primeros, y toda esa historia, bien pudo acontecer en un presente sin tiempo, el eterno presente, la eternidad. En buena lógica esos Hijos sin macula, vivieron en ese presente sin tiempo y el error creativo de esos Hijos crearon una realidad nueva y un Hombre diferente proyectado en un tiempo con tiempos, el tiempo lineal. Lamentablemente en ese tiempo con pasado y futuro, el Hijo, ufano en su creación, se llega a entremezcla a sí mismo con su propia creación. Así en esa misma Biblia, se destaca en diversos momentos y pasajes como los Hijos de Dios cohabitaron y yacieron con las hijas de los Hombres. En consecuencia de esta mezcolanza del Hijo primigenio con su creación, se hace tangible y real, paulatinamente, el olvido del Hijo de su naturaleza esencial, y así esa Humanidad, resultante de la mezcolanza, no es capaz de vislumbrar su auténtica naturaleza y Ser. De esta forma se instala en el Hombre el olvido de quien es, y emergen valores de menor calidad, a fines al medio agreste y duros que le rodea y que dividen y separan a los unos de los otros, ocultando la Verdad que late dormida en nuestros corazones y dificulta la vuelta al origen y a la casa del Padre.

Tras esta hipótesis, factible y coherente de la Creación, veamos ahora esos programas que marcaron la trayectoria de la Humanidad. La nueva creación proyecta y trasciende la información que creyó más adecuada de lo acontecido, entre ellas la principal es “Que es el Padre quien juzgó, sentenció y condenó al Hijo”. No es más lógico, inclusive desde la perspectiva de padre humano, que en vez de sancionar y castigar al hijo de forma tan extrema y rotunda, echándolo de casa y hacer de su vida un infierno, que lo que todo buen padre hace, es intentar abrir los ojos del hijo a que comprenda su error, y abrirle el corazón para que rectifique. No es más coherente que, desde el error cometido, como ocurren en nuestro mundo, sea el Hijo descarriados, desde su orgullo y la vanidad del equívoco en que se ha instalado, el que, culpabilice al padre de ser el causante de su marcha, cuanto más si convenimos que esto se produce a lo largo del tiempo lineal que conocemos, y no en un presente eterno. Es el Hijo mismo, inmisericorde consigo mismo y con el Padre, ocultándose tomar conciencia de su error, el que responsabiliza y “juzga” al Padre, por el reproche subconsciente, de haberle dado la libertad, voluntad y poder de hacerlo, en tanto que se “culpabiliza” a si mismo con la eterna sentencia del “pecado original” esto es “pecador” desde el origen de su vida, flagelándose ya siempre mediante la auto necesidad del “sacrificio” del sufrimiento, de dolor y de la muerte en Vida, entre otros grandes males. Estos son las cuatros sentencias que el Hombre se ha puesto a si mismo. Programas que debemos sanar.

El Hijo de Dios caído, el nuevo Hombre, dueños y poseedor de los programas más sublimes y sanos, fue relegando esos paradigmas excelsos y el recuerdo de ello, y con el tiempo, separado de su fuente, instauró progresivamente estos programas adversos que regirían su devenir sobre la faz de la tierra. El “enjuiciar” permanente como forma de relacionarnos, el “pecado” como causa permanente y declaración del alto nivel de nuestros errores, la “culpabilidad” como instrumento de ataque al otro, exonerando responsabilidad propia y en consecuencia con la tara subconsciente de culpa propia, y el “sacrificio” como efecto y consecuencia a pagar el castigo a nuestros pecados para granjearnos un perdón engañoso.

Para cerrar, breve, pues lo que debiera ser un artículo, al final es más apropiado para desarrollar en forma de libro, expongo otro grave error humano, que consolida los programas adoptados. Aunque por esta premura, no lo desarrollo como debiera. ¿Qué aprendizaje y conclusión sacó el Hombre de la Muerte y Resurrección de Cristo? No es cierto que la cristiandad se centró en alabar, revivir y dar culto al sacrificio de la Muerte, mientras, la Resurrección, el hecho relevante y su mensaje más objetivo quedan relegados a un irrelevante segundo plano. ¿Acaso no vino a liberar al Hombre del pecado? ¿No clamó por el perdón al enemigo? ¿No demostró que la muerte del cuerpo es nada ante la trascendencia de la Vida? en tanto que este hecho quedó ensombrecidos ante la magnitud y maldad de acto mismo, el pecado, que polariza de nuevo al Hombre contra el Hombre, a pesar del: Padre perdónalos que no sabe lo que hacen”. Se interpreta y se ensalza la escenificación de lo acontecido, como el acto folklore más representado de la Historia: lo que en el fondo sólo es la forma, en tanto se relega, y no se tiene en cuenta, lo esencial, el contenido: que el Cristo ofreció su cuerpo y vida terrena en sanar de ese pecado que había aprisionado la mente del hombre y en demostrar la trascendencia de la Vida, con su Resurrección, la prueba decisiva que debiera haber liberado al Hombre del temor y del miedo a la muerte y a vivir la Vida. De su ejemplo de vida y muerte nosotros interpretamos que uno eran los malos y otros los buenos (el juicio), que los Hombres somos “pecadores” irredentos y que por tanto somos “culpables” que debemos pulgar con “sacrificio” y castigo, como se escenifica cada Semana Santa. Más lo cierto es que estos programas no los puso ningún Dios o Conciencia Suprema, esos programas que se debieran desprogramar si queremos sanar los pusimos los Hombres mismos.

Eves