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Ana Isabel Espinosa - Cuanta maleta

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Ana  Isabel Espinosa

 

  http://anaisabelespinosa.blogspot.com/ 

CUÁNTA MALETA, PARA TAN POCO EQUIPAJE

Me despiertan temprano, porque tenemos que salir, veo a mi padre y a mi primo y nos saludamos con prisa, porque momentos después ya estamos cada uno en nuestro sitio.
Nadie nos dice nada, porque todo son preparativos y jaleo, pero cuando ya el motor del camión ruge potente, a punto de salir, siento como se acerca el capataz y me susurra muy cerca, “que te portes bien, como yo te he enseñao”
El viaje se me hace eterno y me mareo e intento mirar, para saber por donde vamos, pero los nervios no me dejan tranquilo y me quejo, aunque nadie me oiga , ni me haga caso, ni siquiera mi familia.

Medio adormilado por la paliza del largo viaje, siento como el camión ha parado y oigo voces de hombres que desempacan y trabajan cerca nuestra
-¡Vamos pa abajo-escuchó en voz brava, mientras me empujan para que baje del camión.
Tengo hambre y tengo sueño, echo de menos mi casa, mi gente, pero no me quejo, porque nosotros, los de nuestra familia, no nos quejamos, ni nos dolemos.
Al poco rato vienen a verme y desconfío, me miran y hablan de mi, sin esconderse, ni importarles que yo les oiga.
Todo es extraño y diferente para mi, que me remuevo inquieto
-¡Tate quieto de una vez!-siento que me dicen desde arriba y miraría, pero siento un dolor tan fuerte en la espalda, que corro como loco, mas herido que furioso, sin mirar  
En mi huida he atravesado la oscuridad que me apresaba y veo la luz, una luz plena y confiada, que me recuerda mi casa y mi hogar, pero es solo un instante, porque un clamor unánime lo invade todo, un alarido compartido, que me hace prepararme para lo peor …
Y allí está , esperándome y llamándome, voy en su busca, y me esquiva, lo rodeo y me burla, se separa y me lleva hasta donde un lancero, montado en un caballo, me clava dolor de estrellas en mitad de la espalda, haciendo brotar mi sangre y empapando la tierra ,sucia y seca.
Solo veo hombres que se me acercan, con pompones y varas de colores y a cada embestida, siento la espalda más sangrante y más cargada
Me retuerzo de dolor y busco, desesperado, una salida…Pero no la hay, porque, por mucho que busco, solo veo hombres y más hombres, que protegen toda escapatoria, y gente y más gente, que piden que mi sangre se esparza por doquier
Estoy débil, pero no lo aparento, porque los de mi familia somos así. Tomo conciencia plena, ahora que babeo por el cansancio y las horas, por la sed y el desangro, de que ésta es mi última lucha, ésa para la que me preparaba el capataz y de la que tantas veces oí hablar bajo la vieja encina al semental, que fue mi padre.
Y hago el último esfuerzo por vivir y embisto con todas mis ganas ,y vuelvo a gemir de dolor animal, cuando se me clava en el alma la vigésima puñalada
Ahora sí caigo y lloro, como nunca pensé hacer, ahora recuerdo los días en el campo, las horas de mayor calor en el abrevadero, las moscas zumbando y  cómo las flores se abrían a impulsos de primavera
Y mientras mi boca vomita la sangre que sube por mis pulmones, sin dejarme respirar ,veo a un hombre que trae un corto y afilado cuchillo que impone como un sacrificio más en mi nuca ;tras él está el que combatió conmigo y el que lleva en su cuerpo mi sangre, diciéndole, a grandes gritos, que no, que me deje morir tranquilo
Hago un esfuerzo postrero y me pongo de pie y miro a mi alrededor, a las tablas de madera que son custodia de muerte, a los ojos de mi asesino que no son de alegría, sino de tristeza, y me pregunto, antes de hincar, por siempre mis rodillas, qué he hecho yo ,para merecer tamaño castigo, mas que haber nacido en el campo y ser de una familia en la que ni nos quejamos, ni nos dolemos, aunque nos estén matando.


 

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