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LAS DECADAS MÁS TRANSCENDENTALES DE LA HISTORIA por Eves Reves


Por: Eves Reves

 

LAS DECADAS MÁS TRANSCENDENTALES DE LA HISTORIA

 

1º  LA CARA OCULTO DE LA SOCIEDAD DE CONSUMO

 

La vida en esta nuestra casa común, la Tierra, se despliega a una velocidad tan vertiginosa que nos fuerza a estados internos de ansiedad, estrés e inquietud permanente; esto acelera nuestros sentidos y percepciones que son incapaces de ser asimilados por nuestra mente mejor; todo se mueve a un ritmo tan frenético que tomar conciencia de lo que acontece no puede llevarse a cabo con la “consciencia” adecuada que aporte y cultive un estado de conocimiento que nos “habilite a crecer y evolucionar a un orden superior”, tal y como declara la ciencia que debe ser en todo ser vivo.

 

Soy una de esas personas mayores que ya ha sobrepasado los 60 años de edad y que desde la perspectiva del tiempo vivido puede recordar cómo era la vida en nuestra infancia y pubertad. Muchos podemos reflexionar como los vecinos se relacionaban en su día a día compartiendo sus vivencias amigablemente, como los niños correteábamos y jugábamos en libertad por las calles de los barrios sin peligros de tráfico y sin ningún temor; pasábamos el tiempo en unos juegos sencillos y baratos, juegos de estímulos sanos que fortalecían lazos de amistad perdurables en el tiempo.

 

Los niños hoy no juegan en la calle, estas se han vuelto inhóspitas y peligrosas y sus juegos en el entorno cerrado de las casas se han convertido en entretenimientos solitarios con escasa posibilidades para la comunicación y el fomento de la amistad: videoconsolas, aplicaciones, móviles o el ver la televisión conforman una cultura de desconexión y soledad. Los padres dominados y sobrecargados con un ritmo de vida en que ambos cónyuge deben compartir jornadas laborales fuera del hogar para sobrellevar, escasamente, la economía familiar, en la mayoría de los casos, no disponen de tiempo, ni de fuerza para mantener una comunicación familiar más rica y cercana con los hijos, cómo por tanto, van a poder establecerse cauces de sintonía, roce y proximidad vecinal y de barrio si apenas se tiene tiempo ni para los hijos.

 

La vida nos “ha ido llevando” a recrear un modelo social en que las carencias nos indujo a desear, alcanzar y sostener vivir una forma de ser incuestionable de acaparar y tener. Las masas populares emergentes del dolor, de la tristeza y de la escasez de posguerras y conflictos nacionales e internacionales anhelaban arribar a ese paradisiaco mundo en que pudiese saborear las mieles del progreso que la paz del momento auspiciaba traer; tenían todo el derecho a ello en su humana pretensión de superar las extremas carencias que a lo largo de la historia padeció el pueblo llano: el tener y poseer lo que nunca estuvo a su alcance.

 

Cierto es que la realidad en que se desenvolvían todos los países de mundo no era igual, más había un carro que tiraba preferentemente del convoy global y ese era el Mundo Occidental capitaneado por los EEUU. España tras su traumático y triste pasado, resurgiendo de la cruel dictadura, no estaba en nada distante de poder sumarse al curso del progreso, a la llamada: “Sociedad del Consumo” que una vez alcanzada se llamaría “Estado de Bienestar”.

 

Con este revolucionario proyecto de consumo masivo se generó una dinámica extensiva de crecimiento y riqueza nunca antes vista en Occidente; este patrón cultural deseado y envidiado por el resto del Mundo se convertiría en la hoja de ruta del resto también, y sería causa añadida de conflicto para todos. No obstante, es justo reconocer, que tal concesión de bonanza no es fruto del azar, ni de las bondades y donosuras de buenos gobernantes, antes bien, el cambio tuvo más que ver con las largas décadas y centurias de confrontación y lucha obrera en pos de derechos y justicia laboral y social de los pueblos. Más no quiero derivar mi reflexión, ni mi línea argumentar por ese meritorio terreno, cómo tampoco quiero, renegar de esas bonanzas que aportó el progreso a la calidad de vida de los pueblos en general y si centrar mi observación y crítica en sus desmesuras y en los males que se fomentó con ello.

 

En este primer artículo en torno a los transcendentales cambios acaecidos en las últimas décadas quiero centrarme en reflexionar sobre el modelo social y la deshumanización que generó la llamada Sociedad de Consumo y la evidente intencionalidad encubierta y latente que lo promovió. Así mismo, en cómo esta cultura insertada e integrada en la mentalidad personal de cada ser humano: el deseo y el ansia de tener y poseer más y más. Se inserta con ello un paradigma tremendamente nocivo en la conciencia personal de los hombres y en la sociedad en general, imponiéndose sin miramientos a principios éticos y de valor superior. Destaco, y pongo gran énfasis, en cómo todos coparticipando de tal patrón lo proyectamos en crear una realidad tangible en el Mundo, una realidad egoísta que nos dominará a todos y de la cual nos costará salir, pues esta conciencia acaparadora de tener y poseer es el mayor hándicap para una convivencia humana basada en el bien común, en la fraternidad y en el amor.

 

Este paradigma de uso y consumo extensivo, en otro plano, en el de los recursos, generó el comienzo de una sociedad depredadora del medio físico del que dependemos, que agota recursos y rompe cadenas lógicas y biológicas de la naturaleza. Hace décadas algunos ya denunciábamos y augurábamos como este modo de vida hacía inviable que los recursos de la Tierra pudiesen sostener la sobreexplotación que se demandaba del planeta. Podríamos seguir esgrimiendo múltiples argumentos que demuestran esta gran verdad que lamentablemente cada vez se hace más evidente.

 

A la hora de buscar causas, causantes y responsabilidades quiero anteponer una premisa: y es que todos, unos en grado superlativo y otros en menor implicación, somos responsables de lo que acontece. Nada de lo que hemos proyectado que reproduce y fabrica esta realidad obedece a la casualidad y si a la causalidad. Si la causa inicial fue el justo deseo de salir de la miseria de los desheredados, algunos más interesados, cucos y poderosos supieron manejar las necesidades de los ciudadanos para atraparles en dependencias y apegos. Esos apegos a las prebendas concedidas cercenan la libertad y el poder interno permutándolos en dependencia del tener y obtener, y cesión al Poder que nos rige.

Se nos gobierna desde este estigmas de la riqueza en ellos, más las masas ciudadanas estamos atenazados en el mismo mal. El viejo y cansado luchador que celebraba su supuesta victoria no se daba cuenta de cómo este lazo se anudaba a nuestro cuello. Exhausto celebrábamos el triunfo y obviamos la necesidad que nuestros hijos mantuviesen la guardia alta, y si en cambio les alentábamos en disfrutasen de la victoria. Te cansaste ya del piso, toma un chalet suntuoso, aunque no este a tu alcance; quieres coche, compra el último modelo; quieres lujo, ostentación y magnificencia tómala yo te financio; y no circunscribo el dicho sólo a la crisis ultima sino al rol consumista instalado en nuestro modo de obrar.  

 

No es lo peor del problema el saldar el empréstito recibido que saciaba la apetencia justa o superflua, más grave y trascendente es el cómo este modo de vida prostituía la forma de percibir el mundo y las relaciones humanas; descubrir como el deseo de tener se adhería a la personalidad y a la mentalidad. Bajo esta percepción se establece una interrelación con el prójimo en que prima lo propio frente a lo ajeno. La competitividad y confrontación con el otro en pro de beneficio propio, dominados por una sensación interna que nunca se ve saciada y que se retroalimenta de nuevas necesidades. Recreándose un mundo que establece la separación en lugar de un mundo que se siente unido frente a los  retos afines al bienestar común. 

 

Visto los daños nada desdeñable, ni de fácil solución, que esto comporta a nuestro planeta Tierra; viendo cómo se refuerzan los Paradigmas que separación y conflicto para la Humanidad y, reparando en cómo esto concierne al Hombre en sí mismo como individuo participe del ente social, vuelvo a retomar la línea argumental manifestada en los primeros párrafos al objeto de ampliar y dilucidar sobre lo que es más natural y auténtico en el ser humano, es decir descubrir esa esencia primordial de lo que somos y de lo que nos hace felices, cosa que tal vez hemos olvidado.

 

Defiende y anuncia la Sociedad de Consumo que tantos aparatos y artilugios están “hechos para simplificarnos la vida”, por cierto, que interesadamente deben renovarse, ¿estás convencido de ello? ¿Lo crees así? Quien no ha paseado la mirada por su casa y encuentra multitud de cosas que ya no usa y que solo sirve para sobrecarga una conciencia posesiva, no has sentido muchas veces el deseo de liberarte de ellas y sentirte más liviano. No has sentido muchas veces la necesidad de escapar a un tipo de vida más cercano a la naturaleza en que puedas sentir la vibración que late en ella. No sería más deseable recuperar la calma que nos roba este mundo de prisas y estrés, y ganar tiempo al tiempo, no para correr y hacer más, sino para sentir el momento presente, el instante único en que realmente vives, sin el peso del pasado, ni la incertidumbre del mañana, ese instante de silencio y paz que te vincula y une al Ser único que eres.

 

Si percibes, si sientes que la felicidad, la verdadera felicidad, la verdadera riqueza no está en Tener sino en Ser, no seriamos, mí distante compañero, mi amigo, mi hermano, más feliz si la distancia que nos separa se transmutase en comunicación. Acaso esa conexión no nos proveería de una paz común que nos habilitaría para los retos colectivo. También en una paz interna que nos avivaría en percibir la belleza inmensa que nos rodea en mundo de armonía, que el caos reinante de nuestra mente no nos permite vislumbrar. Esta lucidez interna emanada de una conciencia serena y pacífica, en el vivir sencillo, de un ser equilibrado no accedería acaso a desplegar la creatividad, las ideas, la poesía y proyectos que brota de un espíritu sano y libre en sintonía y afinidad al sentido transcendente e innato de su Ser.

 

Estimo que el proceso de sanar el Mundo y sanar nuestras vidas no está en cambiar nada externo a nosotros sino en sanarnos a nosotros mismo. La gran revolución por hacer, la única que puede resolver los problemas de la Humanidad y del Mundo, la mayor más justa y efectiva revolución es la interna y personal. Pues el Mundo y nuestra vida sólo es lo que proyectamos que sea.

 

Eves

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