Cultura

Busco a un hombre por Ray Niebla

Busco a un hombre

por Ray Niebla

Las historias sobre Diógenes de Sinope son muchas y variopintas, y desde luego habrá que tomarlas como lo que son historias, pero en cada historia  subyace un atisbo de verdad y en este hombre atípico como el que más, se dan unas cuantas que  ponen en evidencia la poca actitud del hombre y la poca bondad de sus acciones.

Diógenes de Sinope está, para mí, de plena actualidad, y no porque fuera un filósofo indigente, y que ahora se emplee su nombre para designar a estos pobres locos que acumulan basura en sus casas, ya que es una manera pobre y obscena de tratar a un hombre que buscó la extrema humildad para dar ejemplo a sus semejantes, y poner de manifiesto la artificiosidad del mismo hombre, del que creía  era la maldad en sí misma y la mentira personificada.

Si cuando Alejandro Mago pidió que le presentaran a aquel ser tan peculiar, no lo hubieran hecho, estoy seguro que un hombre de la categoría de este conquistador, hubiera tomado algunos derroteros distintos de su vida como mandatario, pues cuando  al verlo de aquella manera, viviendo entre una jauría de perros, en las más mísera de las vidas y en una tinaja, le preguntó que si quería o necesitaba alguna cosa, este hombre sólo le dijo que se apartase que le quitaba el sol. ¡Nada menos que al gran Alejandro Magno!

Si en estos momentos de la historia del hombre,  Diógenes de Sinope levantara la cabeza, pensaría, y no sin razón, que su vida no había valido la pena porque el hombre sigue comportándose como cuando él vivía, y por otro lado, se vanagloriaría de sus gesta porque a la vista de la evolución del ser humano despues de casi dos mil quinientos años, no sólo no había cambiado ni un ápice, si no que se habría agravado un puñado de veces  más.

Si le llamaban el Cínico ahora no tenemos nada más que echar la vista a nuestro alrededor y ver qué es lo que tenemos:

Humildad, brilla por su ausencia;  Maldad, brilla por doquier; Mentira, es el pan nuestro de cada dia; Solidaridad, es lidiad al raso, jugando con las letras de esta bonita palabra, Bondad, se ha desrvirtuado y se ha convertido en lavado de conciencias; Benevolencia, meta a conseguir;  Esperanza, tanto como la tenía Diógenes la debemos tener también, y aunque tardemos otros cinco mil años, algún día el ser humano se convertirá en eso de lo que presume y nunca es.

Y es que sin llevar la vida a los extremos de este personaje tan peculiar, pues  casi atentó contra la propia dignidad,  sí vemos a nuestro alrededor como se manifiesta la hipocresia y el cinismo de una sociedad que se cree civilizada y se halla lejísimo de serlo, y no porque no haya movimientos que están alerta y creen en el cambio a través del despertar del hombre, pero es tan ingente la tarea que casi parece insuperable, en tanto que parece como si  el ser humano hubiese sido despojado de su más elemental coraza y  se viera invadido por una enfermedad incurable que es la de no querer saber quíen es.

Hoy se le da pábulo a todas las aseveraciones de la ciencia y los descubrimientos de la llamada neurociencia, pero jamás se aplica a lo de verdad interesante y  de extraordinario que tendría para el cambio del ser humano, y pongo como ejemplo el trasunto de la sexualidad entre  todos los seres posibles que habitan en este mundo, que el hombre ha aprovechado para hacer de ellos su partener o socio colaborador, simplemente porque no se le explica que el propio cerebro crea su realidad; y tal es así que cuando alguien cree una cosa puede llegar a confundir realidad y ficción o creencia, y se dan casos extremadamente extraños, de cohabitar personas, animales, unos con otros sin ton ni son, sin darse cuenta que hay veces que el propio cerebro confunde la cosas y  hace que parezca lo que no es, llegándose a la arbitrariedad más infame, por no decir otra cosa más criticable.

Diógenes de Sinope, fue invitado, por un adinerado de la época, a su casa a comer opiparamente, pero con la condición de que no escupiera en ningún sitio. Cuando acabó de comer, se enjuagó la boca tranquilamente y  la vació en la cara de su invitador, diciéndole que no había encontrado un sitio más sucio donde escupir, y eso es lo que a veces dan ganas de hacer cuando se ve tanta manifestación de orgullo, vanidad, estupidez e ignorancia entre tantos prohombres, que se creen que lo son, intentado convencernos de su hazañas y poniéndonos como si de verdad fueramos imbéciles, cuando en realidad lo que estamos es dormidos.

Diógenes de Sinope fue un despierto, un ser nacido antes de su tiempo que no pudo ver al ser humano como lo que él sentía que debía ser, pero no lo vio él ni lo vieron Buda, Jesucristo, Mahoma, y algunos más que sintieron en sus carnes la inoperancia y el estultismo de  aquellos que se llaman hombres, bueno diré también mujeres porque si no, alguna feminista se dará por ofendida, aquellos que se tildan de bondadosos cuando son unos farsantes, a aquellos que se tildan de solidarios y sólo piensan en la recompensa, aunque esta sea divina, o aquellos que se tildan de mecenas cuando lo que intentan es lavar su dinero y su conciencia, y todo ello con la anuencia de la mayoría de todos nosotros que,  sin ver como ejemplo idealista a Diógenes de Sinope, nos reflejamos en todos estos "triunfadores" que andan por este mundo haciendo más mal que bien y sin ánimo de cambiar porque eso no sería bueno para sus intereses.

Yo, no llevaría la vida de Diógenes, entre otras cosas porque creo que sería una estupidez, pues se vive muy bien con ciertas comodidades, pero si sacrificaría algo de mi  bienestar por saber que el hombre es eso un hombre; porque a estas alturas de mi vida no sé muy bien de quien me rodeo: Si fue la Creación menuda chapuza hizo. Se lució bien. Y si es Evolución me da igual se evolucionó  a lo manazas; otra chapuza de las más grotescas; por ello no creo en ninguna de las dos si no en una intermedia. Cómo sería esa intermedia, bueno eso se queda para otro artículo.

Por ello,  sigo buscando a un hombre como hacía este filósofo, y aunque yo no voy metido en un barril y desnudo por la calle con el farol encendido a todas horas a ver si la Providencia me alumbra y encuentro uno, es cierto que a veces me siento desnudo, desvalido, arrugado y acobardado por las gentes que me rodean, por sus mentiras, por sus acciones, por las manidas aseveraciones de los gobiernos de turno que me dicen proteger de todos estos seres no humanos que a la primera de cambio me dan un tute o me roban, me vituperan, o me dejan tumbado en la acera sin preocuparse de quien soy o de qué me pasa, y aunque de vez en cuando encuentro a uno, está tan asustado de serlo que no se deja ver, y así vemos pasar el tiempo sin apenas distinguirnos unos de otros por la sencilla razón  de que hemos perdido nuestra esencia y sólo la recobraremos cuando entendamos de verdad quién era, por ejemplo, Diógenes de Sinope.

                                                                                               Ray Niebla