Cultura

La perdiz por Ray Niebla

La perdiz

Ray Niebla

Individuos como esta mujer, los hubo, los  hay, y  los habrá. La Corte española de todos los tiempos ha estado llena, hasta arriba, de mercachifles que han dado al traste con la economía y con la política, pero esta mujer es uno de los ejemplos más significativo.

 

Se llamaba  Maria Josefa Gertrudis Bohl von Guttenberg y era la Condesa de Berlips.

En el reinado del pobre Carlos II el Hechizado, el último rey de una Dinastía estigmatizada,  Los Austrias;  un engendro de rey, debido sin duda, a la endogamia de los casamientos y parentelas de los reyes de toda Europa, y en los que  por su falta de inteligencia, deformaciones mentales e incluso físicas eran carnaza para todos los espabilados y espabiladas,  que hay en todos los estratos del poder, hubo una mujer que destacó en el caos de este rey medio atontado,  como fue la Camarera mayor de la Reina.

La Perdiz como la bautizaron los españoles.

Carlos II el Hechizado

Mariana de Neoburgo, alemana, vienesa para más señas, se casó en segundas nupcias con el tontito y pobrete Carlos II, por imposición, de su madre la reina Maríana de Austria que sabía que su hijo era más tonto que un mono de feria, y que si no hacía algo se lo iban a comer  todos los sátiros que tenía a su alrededor, incluida la iglesia que veía  que medrar en la Corte era algo  para no dejarlo escapaz, y su propio confesor  Fray Florían Diaz, muy amigo de la reina madre conspiraba para atraerse todo el poder posible, pero  en todo caso esto era sólo una anécdota, pues los que de verdad sabían qué tenía que hacer con el rey  atontado, eran su mujer Mariana y su camarera mayor La Perdiz. Y como éstas, tanto la reina como esta camarera,  eran alemanas se trajeron toda la Corte de allí, incluidos su médico personal, Cristian Gleen,  que llegó a ser el Presidente del Colegio de Médicos de la Cámara de la Corte, con el consiguiente disgusto de las supuestamente Camareras oficiales de la reina, y de los médicos oficiales españoles, tan buenos o más que este advenedizo, o como la Duquesa de Frías o la Duquesa de Alburquerque, que consideraban a la Perdiz como una intrusa, y así fue en realidad. Lo que no se entiende es cómo pudo llegar tan lejos esta ambiciosa mujer.

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Esta mujer alemana; para que luego digan que la picaresca sólo se hacía en España, era, un ser inteligente, ambiciosa y sin ningún tipo de escrúpulos y le daba lo mismo  agarrarse una curda en una noche con todos sus amigotes aventureros y farsantes,  para parecer de una manera determinada,  y oir lo que le interesaba, enterarse de asuntos  de su incumbencia, y aprovechar todo para su veneficio,  como de apartar las sábanas de su cama para meter a quien pudiera beneficiarle con poder o con dinero,  y vaya si lo consiguió.

Se juntaba y relacionaba con  gentes como El Cojo un aventurero aleman, Enrique Wissen, supuestamente Barón, pero ni Barón ni nada de nobleza, que aparte de benficiársela cuanto  quería, le ayudaba en sus tejes manejes dentro del palacio y con la anuencia de la Reina, ayudado por un castrati Mateuci, y otra camarilla de aventureros sin escrúpulos como ella que la servían para hacer los trabajos sucios de la corte  y arreglárselas para no levantar las sospechas de nadie. De manera que su influencia en la reina, y por supuesto en la del rey atontado, era sublimes, y nada podía con ellos.

 

La reina Mariana de Neoburgo

Como el rey estaba como estaba, más "pallá" que "pacá" y además el pobre  se había enamorado terriblemente de su primera mujer  Maria Luisa de Orleans, guapa mujer, que murió joven de una peritonitis, o al menos eso dicen los libros de historia, aunque por lo que se puede deducir de aquellos tiempos no me extrañaría nada que se la cargaran,  el pobre rey se sintió preso de una melancolía, depresión en estos días,  que no lo dejaba vivir y aprovechando todo esto, la Perdiz y su cohorte, se deslizaron en los entresijos de la Corte y comenzaron a medrar, más de lo que ya lo habían hecho, pues nada se interponía entre ellos y las riquezas de Palacio.

En aquellos tiempos lo importante era que los reyes tuvieron hijos, pero cómo iba a tener hijos  un impotente como el rey Atontado o Hechizado o como carajo le llamaran, porque este pobre era el producto de los casamientos entre medio hermanos, tios, sobrinas, primos carnales, en fin entre las familias de todos los que gobernaban en Europa, porque todos ellos son parentelas,  y  así estaban casi todos los descendientes de las coronas europeas; todos familia y todos medio  gilis; entre sífilis y genética absurda abundaban los enfermos, inútiles, y atontados, de una dinastía con un poder omnímodo en otros tiempos, aunque hay que decir que algunos salían listos,  y si no ahí estaba el Rey Sol,  Luis XIV de Francia, que fue capaz de poner en el trono de España a Felipe V de Anjou, francés para más señas, o sea que los Borbones son de origen frances, bueno y de italianos y de alemanes y de ingleses, bueno de ingleses menos porque no se llevaban muy bien, pero esto quiere decir que son todos familia. Menos mal que ahora los principes se están casando con gente de la plebe, y están haciendo una cura de sangre, porque si no seguiríamos asistiendo a nacimientos de seres torturados por la sangre endogámica y putrefacta de esta élite. Al menos en eso lo están haciendo bien.

Y como este pobre rey no podía tener hijos, y el pueblo anhelaba que los tuviera, porque sino pobrecitos no habría quienes los condujeran, porque la alternativa era la hecatombe. El desespero era general. El pueblo siempre quiere tener a alguien que les diga dónde tienen que ir y lo que tiene que hacer si no se encuentra perdido. La Perdiz y sus colaboradores hicieron que la reina alemana Mariana de Neoburgo, pareciera estar preñada once veces y onces veces abortara; todo planificado y con el conjuro de hierbas y pócimas que hacía que la reina tuviera diarreas, vómitos etc. y claro el vulgo, tonto y analfabeto, se lo creía todo.  Hasta tal punto, que gentes pobres y bien intencionadas se gastaban los pocos duros que tenían en dárselos a la iglesia para decir misas, y rosarios, y oraciones varias para conseguir que la reina agarrara por fin un vástago que les diera la tranquilidad del aseguramiento de la corona. Ilusos, qué poco sabían de los intringulis de la Corte; igual que hoy claro. El pueblo español muy dado a la coplillas, pero a nada más, igual que ahora, les dedicó estas a la Perdiz: "La Perdiz, poderosa más que el monarca, cuando quiere, a la Reina la hace preñada" y con esto demostraba, el pueblo, que no eran tan tontos, pero que tenía que hacérselo para no ser torturados, machacados, criticados, vilipendiados y sujetos a galeras, como ahora más o menos.

Mientras tanto, entre preñez fingida y preñez vomitada, la Perdiz fue sacando de la Corte Española cuadros de Velázquez,  el Greco, todas aquellas piezas de oro  y plata que caía en sus manos: armaduras, vajillas de oro y plata, y mil cosas más dejando la Corte más pelada que una sierra en invierno, mandando todo hacia su tierra natal El Palatinado alemán, y hoy, en este año del señor de dos mil dieciseis, hay un sinfín de riquezas repartidas por todos los museos del mundo, públicos y privados, que  formaron parte de nuestro patrimonio nacional, y que aunque parezca una estupidez habría que reclamarlos, pero esa sería otra historia, y además, entre todos estos interines, todos sus amigos, conocidos, amantes,  putas y medradores, lameculos y poscritos, aventureros y postillones de mala ralea del reino,  los iba colocando en los mejores puestos y así se aseguraba  tener en todos sitios gentes de su confianza que nunca la defraudarían. Y de esta guisa estaba la Casa de Austria en este aciago siglo XVII, que traería sin remedio  la Guera de Sucesión.

Tia lista esta Perdiz, y tipos tontos todos los que  como el rey, la reina, algún valido etc, que no se enteraban de nada, y el reino se iba quedando en la miseria y los pobres súbditos sufriendo por sus reyes, hasta que, menos mal, alguien, algunos que eran tan listos como esos mangantes se cansaron de tanto mangoneo,  de tanto alemán palaciego, de tanto ratero y   de tanto  hi de pu socarrero, y como no podían hacer nada  con la Corte se plantificaron ante el embajador Alemán, el Conde  de Harrack, que viendo peligrar muchas de las prebendas y de las relaciones con España por parte de su Palatinado, decidió echar a la Perdiz de España y a todos sus amiguetes, pero claro, era tal la influencia que tenía con la reina que se marchó sí, pero con un dineral de las arcas españolas, ya menguadas y con una renta vitalicia de un montón de cuartos que le sirvieron para vivir del cuento un buen montón de años y de  colarse en la  política del Palatinado y seguir medrando.

Como se ve, así muy a bote pronto, en España hemos sido más tontos que Pichote y cuando Cervantes escribió El Quijote, desde luego no lo hizo para burlarse de los libros de Caballería, como dicen los eruditos, lo hizo porque no podía soportar la tontería de los españoles y le dio pie los caballeros que también eran más tontos que Abundio, porque aún dandonos cuenta de todo lo que pasaba, pasa y pasará en esta España nuestra, hacemos oídos sordos y nos conformamos con las historias que nos cuentan y así Sancho Panza es nuestro ejemplo más eficaz. No somos Quijotes, que eso sería  un piropo, somos SanchoPancianos, prácticos, donde el muerto al hoyo y el vivo al bollo por mucho que nos duela, y si no ahí está la historia para confirmarlo. 

Ray Niebla